Ya lo tienes estrujado como la uva, y no necesitas de la espada,
Santino Bienaventurado.

El otro bigardo posa familiarmente una mano sobre aquella cabeza de moro negro, que saca la lengua de sierpe al ser aplastada por las angelicas plantas, y sonrie con la malicia del tonsurado que sabe como todas las astucias del rebelde son juegos ante el poder de los exorcismos. Siempre con la misma sonrisa, le arranca un cuerno.

DON FARRUQUINO

Te quedas a media asta, Lucifer.

DON PEDRITO

?Tambien son de plata?

DON FARRUQUINO

En la duda….

DON PEDRITO

Arrancale el otro cuerno.