Los fantasmas han desaparecido en una niebla, las brujas comienzan a levantar un puente y parecen murcielagos revoloteando sobre el rio, ancho como un mar. En la orilla opuesta esta detenido el entierro. Canta otro gallo.
LAS BRUJAS
iCanta el gallo pinto, ande el pico!
Al traves de una humareda espesa los arcos del puente comienzan a surgir en la noche. Las aguas, negras y siniestras, espuman bajo ellos con el hervor de las calderas del Infierno. Ya solo falta colocar una piedra, y las brujas se apresuran, porque se acerca el dia. Inmovil, en la orilla opuesta, el entierro espera el puente para pasar. Canta otro gallo.
LAS BRUJAS
iCanta el gallo negro, pico quedo!
El corro de las brujas deja caer en el fondo de la corriente, la piedra que todas en un remolino llevaban por el aire, y huyen convertidas en murcielagos. El entierro se vuelve hacia la aldea y desaparece en una niebla. El Caballero, como si despertase de un sueno, se halla tendido en medio de la vereda. La luna ha trasmontado los cipreses del cementerio y los nimba de oro. El caballo pace la yerba lozana y olorosa que crece en el rocio de la tapia. El Caballero vuelve a montar y emprende el camino de su casa.
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