—Soy el Marqués de Bradomín, hermana, y mi ruta acaba en esta santa casa.
La donada murmuró con tímida curiosidad:
—Si desea ver á la Madre Abadesa, le llevaré recado. Siempre tendrá que tener un poco de paciencia, pues ahora la Madre Abadesa se halla platicando con el señor Obispo de Colima, que llegó antier.
—Tendré paciencia, hermana. Veré á la Madre Abadesa cuando sea ocasión.
—¿El Señor la conoce ya?
—No, hermana. Llego á esta santa casa para cumplir un voto.
En aquel momento se acercaba la Niña Chole, y la monja, mirándola complacida, murmuró:
—¿La Señora mi Marquesa también?
La Niña Chole cambió conmigo una mirada burlona que me pareció de alegres desposorios. Los dos respondimos á un tiempo:
—También, hermana, también.