—¡Á Dios sean dadas!

La Madre Abadesa tenía hermoso aspecto de infanzona: Era blanca y rubia, de buen donaire y de gran cortesanía. Sus palabras de bienvenida fueron éstas:

—Yo también soy española, nacida en Viana del Prior. Cuando niña, he conocido á un caballero muy anciano que llevaba el título de Marqués de Bradomín. ¡Era un santo!

Yo repuse sin orgullo:

—Además de un santo, era mi abuelo.

La Madre Abadesa sonrió benévola, y después suspiró:

—¿Habrá muerto hace muchos años?

—¡Muchos!

—Dios le tenga en Gloria. Le recuerdo muy bien. Tenía corrido mucho mundo, y hasta creo que había estado aquí, en México.

—Aquí hizo la guerra cuando la sublevación del cura Hidalgo.