—¿Fray Ambrosio?
—Creo que ése.
—¿Pues tú no le conoces?
—No, señor. Quien nos mandaba era Miquelcho. El Fraile decían que estaba herido.
—¿Tú no eras de la partida?
—No, señor. A mí, junto con otros tres, me habían cogido al pasar por Omellín.
—¿Y os obligaron a seguirlos?
—Sí, señor. Hacían leva.
—¿Y cómo se ha batido la gente del Fraile?
—A mi parecer bien. Les hemos tumbado siete a los del pantalón encarnado. Los esperamos ocultos en un ribazo del camino: Venían muy descuidados cantando...