El Coronel Licenciado López de Salamanca, arrestándose a un canto de la puerta, hizo entrar al Doctor Polaco. Detrás, pisando de puntas, asomó Lupita la Romántica. El Doctor Polaco, alto, patilludo, gran frente, melena de sabio, vestía de fraque, con dos bandas al pecho y una roseta en la solapa. Saludó con una curvatura pomposa y escenográfica, colocándose la chistera bajo el brazo:
—Presento mis homenajes al Supremo Dignatario de la República. Michaelis Lugín, Doctor por la Universidad del Cairo, iniciado en la Ciencia Secreta de los Brahmanes de Bengala.
—¿Profesa usted las doctrinas de Allán Kardec?
—Soy no más un modesto discípulo de Mesmer. El espiritismo allankardiano es una corruptela pueril de la antigua nigromancia. Las evocaciones de los muertos se hallan en los papiros egipcios y en los ladrillos caldeos. La palabra con que son designados estos fenómenos se forma de dos griegas.
—¡Este Doctorcito se expresa muy doctoralmente! ¿Y gana la plata con su título de Profeta del Cairo?
—Señor Presidente, mi mérito, si alguno tengo, no está en ganar plata y amontonar riquezas. He recibido la misión de difundir las Doctrinas Teosóficas y preparar al pueblo para una próxima era de milagros. El Nuevo Cristo arrastra su sombra por los caminos del Planeta.
—¿Reconoce haber dormido a esta niña con pases magnéticos?
—Reconozco haber realizado algunas experiencias. Es un sujeto muy remarcable.
—Puntualice cada una.
—El Señor Presidente, si lo desea, puede ver el programa de mis experiencias en los Coliseos y Centros Académicos de San Petersburgo, Viena, Nápoles, Berlín, París, Londres, Lisboa, Río de Janeiro. Últimamente se han discutido mis teorías sobre el karma y la sugestión biomagnética en la gran Prensa de Chicago y Filadelfia. El Club Habanero de la Estrella Teosófica me ha conferido el título de Hermano Perfecto. La Emperatriz de Austria me honra frecuentemente consultándome el sentido de sus sueños. Poseo secretos que no revelaré jamás. El Presidente de la República Francesa y el Rey de Prusia han querido sobornarme durante mi actuación en aquellas capitales. ¡Inútilmente! El Sendero Teosófico enseña el menosprecio de honores y riquezas. Si se me autoriza, pondré mis álbumes de fotografías y recortes a las órdenes del Señor Presidente.