I

—¡Chac! ¡Chac!

El Tirano, cauto, receloso, vigila las defensas, manda construir faginas y parapetos, recorre baluartes y trincheras, dicta órdenes:

—¡Chac! ¡Chac!

Encorajinándose con el poco ánimo que mostraban las guerrillas, jura castigos muy severos a los cobardes y traidores: Le contraría fallarse de su primer propósito, que había sido caer sobre la ciudad revolucionada y ejemplarizarla con un castigo sangriento. Rodeado de sus ayudantes, con taciturno despecho, se retira del frente luego de arengar a las compañías veteranas, de avanzada en el Campo de la Ranita:

—¡Chac! ¡Chac!

II

Antes del alba se vio cercado por las partidas revolucionarias y los batallones sublevados en los cuarteles de Santa Fe. Para estudiar la positura y maniobra de los asaltantes subió a la torre sin campanas: El enemigo, en difusas líneas, por los caminos crepusculares, descubría un buen orden militar: Aún no estrechaba el cerco, proveyendo a los aproches con paralelas y trincheras. Advertido del peligro, extremaba su mueca verde Tirano Banderas. Dos mujerucas raposas cavaban con las manos en torno del indio soterrado hasta los ijares en la campa del convento:

—¡Ya me dan por caído esas comadritas! ¿Qué haces vos, centinela pendejo?

El centinela apuntó despacio: