—¡Vean, no más, qué mojiganga!

Se arreboló de suficiencia Don Celes:

—El Gobierno del General Banderas, con la autorización de esta propaganda, atestigua su respeto por todas las opiniones políticas. ¡Es un acto que acrecienta su prestigio! El General Banderas no teme la discusión, autoriza el debate: Sus palabras, al conceder el permiso para el mitin de esta noche, merecen recordarse: “En la ley encontrarán los ciudadanos el camino seguro para ejercitar pacíficamente sus derechos.” ¡Convengamos que así solo habla un gran gobernante! Yo creo que se harán históricas las palabras del Presidente.

Apostilló lacónico Don Teodosio del Araco:

—¡Lo merecen!

Míster Contum consultó su reloj:

—Estar mucho interesante oír los discursos. Así mañana estar bien enterado mí. Nadie lo contar mí. Oírlo de las orejas.

Don Celes arqueaba la figura con vacua suficiencia:

—¡No vale la pena de soportar el sofoco de esa atmósfera viciada!

—Mi interesarse por oír a Don Roque Cepeda.