El juez.—Salvo para los griegos, naturalmente.

El testigo hace protestas de adhesión al bien general. Asegura no tener malquerencia a nadie. Sobre todo, advierte que no ha acusado a míster Grein de sodomita. Lo único que ha dicho es que míster Grein hablaba la lengua de Sodoma.

El juez.—¿Y no reputó usted interesante oír hablar la lengua de Sodoma, una lengua muerta? (Risas.)

Billing (el energúmeno).—No admito, milord, que se trate tan grave asunto con chanzas semejantes.

Pongamos ahora unos someros comentarios
al margen de este
curioso proceso.

LA MORAL Y EL ARTE