A DON MIGUEL DE UNAMUNO
Poeta y Filósofo español del siglo XXI.
PARTE PRIMERA
SESOSTRIS y PLATÓN
Vedere adunque dovevi, amore essere una passione accecatrice dell’ animo, disviatrice dello ingegno, ingrossatrice, anzi privatrice della memoria, díssipatrice delle terrene facultá, guastatrice delle force del corpo, nemica della giovinezza, e della vecchieza; morte, genitrice de’ vizi, e abilatrice de’ vacui petti; cosa senza ragione, e senza ordine, e senza stabilitá alcuna; vizio delle menti non sane e sommergitrice della umana libertá.
Boccaccio.
I
Teófilo Pajares, «el príncipe de los poetas españoles, a cuyo paso debía tenderse por tierra un tapiz de rosas» al decir de algunos diarios de escasa circulación, el autor de Danza macabra y Muecas espectrales, bajaba poco a poco y como embebecido en cavilaciones por la calle de Cervantes, cara al Botánico. Era una mañana de otoño; el cielo, desnudo, y la luz, agria. Neblina incierta, de color hez de vino, saturaba sombras y penumbras.
Lo primero que se echaba de ver en la persona del poeta Pajares era lo aventajado de su estatura, lo insólito de su delgadez y el desaliño de la indumentaria: desaliño de penuria económica y también por obra de cierto desdén hacia las artes cosméticas. Las botas y los pantalones, en particular, delataban con sañuda insolencia la inopia y desaseo de Teófilo. Sin duda, este lo echaba de ver, porque, según caminaba con las manos a la espalda y la cabeza caída hacia el pecho, miraba pertinazmente pantalones y botas, y su rostro aguileño, cetrino y enjuto, languidecía con mueca de consternación —una mueca espectral hubiera dicho él—, como si encarándose con aquellas prendas tan deleznables y mal acomodadas a los miembros las motejase de falta de tenacidad ante el infortunio y de adhesión a su amo.
Detúvose Teófilo delante de una puerta y miró el número pintado en el dintel: el 26. Volvió sobre sus pasos y penetró en el portal del 24. Arrancaba a subir las escaleras, cuando la portera, enarbolando un escobón, se precipitó a atajarle el paso: