[32] La eterna condición—por la cual subsiste toda la humana fragilidad,—un refrigerio después del trabajo, tranquilidad después de la fatiga.

[33] Especie de chulo londinense.

[34] Cena, duerme, se lava, todo en una pieza, con las alforjas. Querría meter en ella la vida toda.—N. del T.

[35] Deja en la biblioteca los infolios; yo quepo entero en una mano.—N. del T.

[36] Véase Borrow: La Biblia en España. Colección Granada. Jiménez Fraud, editor.

[37] Te vea yo volver incólume y te oiga cantar, como de costumbre, las regiones, las hazañas y los pueblos de los Iberos.—N. del T.

[38] Quejándose Jorge IV cierta vez de que había perdido su real apetito, le contestó su compañero Rochester: «¡Qué apuro para un pobre si lo encuentra

[39]... y el hambre, mala consejera, y la vergonzosa indigencia, de horrible aspecto... (Eneida, lib. VI, V. 276-7).—N. del T.

[40] La regla de los sopistas es en todo tiempo ésta: trae la comida contigo, si quieres comer conmigo.—N. del T.

[41] ¿Cuándo me servirán... y las legumbres bien untadas de pingue tocino (Hor.: Sátira VI, lib. II).—N. del T.