No me quedaba, pues, otro recurso que, á cualquier riesgo, poner decididamente proa á tierra. Á esta sazón, por fortuna nuestra, la corriente quedaba ya tan lejos de nosotros que nos fué fácil seguir rumbo á la playa por un camino tan recto como nuestra quilla, á pesar del impulso necesariamente poco vigoroso que los remos imprimían á nuestro bote. Ya no me fué difícil, pues, gobernar derechamente hacia la meta. Pero lo muy malo era que en la dirección que íbamos no presentábamos á La Española nuestra popa, sino un costado, ofreciendo á su tiro un blanco de tal tamaño que parecía imposible que se le errara puntería.
Érame fácil ver y oir á aquel bribón de Hands con su cara de borracho consuetudinario, arreglando sobre cubierta un cartucho para el cañón.
—¿Quién es aquí el mejor tirador?, preguntó el Capitán.
—El Sr. de Trelawney, aquí y donde quiera, le contesté.
—Pues bien, Sr. de Trelawney, ¿quiere Vd. hacerme el favor de quitarme de en medio á uno de aquellos pícaros? Á Hands, de preferencia, si es posible, dijo el Capitán.
Trelawney estaba frío como el acero; sin decir palabra preparó su arma.
—Ahora, díjonos el Capitán, mucho cuidado. Dispare Vd. su arma sin hacer movimiento alguno ó de lo contrario nos vamos á pique. ¡Todo el mundo listo para equilibrar, si el bote zozobra al disparo!
El Caballero levantó su arma y los remos cesaron de hender el agua: todos nos inclinamos del lado contrario para mantener el equilibrio y todo fué ejecutado con tal felicidad que no hicimos entrar al bote ni una sola gota de líquido.
En este instante nuestros enemigos tenían ya su pieza montada y lista, y Hands, que estaba junto á la boca, con el escobillón en la mano, era el más expuesto de todos. Sin embargo, no tuvimos fortuna, pues precisamente en el momento en que, ya seguro de su puntería, disparó Trelawney, el astuto timonel se encorvó rápido como el pensamiento y la bala que pasó silbando por encima de él, fué á herir á otro de los cuatro piratas que cayó al punto.
El grito que este lanzó fué repetido no sólo por sus compañeros de al lado sino por otras muchas voces desde la playa. Volví la vista en esta dirección y noté que todos los demás piratas salían de entre los árboles en aquel momento y se apresuraban á ocupar sus lugares en los esquifes.