CAPÍTULO XIX
EL NARRADOR PRIMERO TOMA OTRA VEZ LA PALABRA—LA GUARNICIÓN DE LA ESTACADA

NO bien Ben Gunn hubo visto la bandera, hizo alto inmediatamente, me tomó por el brazo para detenerme y se sentó.

—¡Ah! lo que es por ahora, Jim, allí están tus amigos, con toda seguridad.

—Mas bien creo que sean los rebeldes, le repliqué.

—¡Ca, no!, dijo él. ¿Crees tú que en un lugar como este, al cual no abordan sino piratas, había de venir Silver á enarbolar el pabellón inglés? ¡Ni por pienso! Son tus amigos, Jim, no tengas la menor duda. Además, ya ha habido pelea y me sospecho que los tuyos han llevado la mejor parte y ahora los tienes instalados en esa estacada y reducto que fué construído hace años y años por el Capitán Flint. ¡Ah! puedes creer que el tal Capitán era hombre que sabía lo que traía entre manos. Quitándole lo borracho, era persona que jamás dejaba traslucir su juego. No le tenía miedo á nadie... á nadie más que á Silver. Silver puede jactarse de ello.

—Bueno, pues siendo esto así, como creo que lo es, tanta más razón para que yo me apresure á reunirme con mis amigos.

—Como tu quieras, replicó él. Tú eres un buen muchacho, ó yo me equivoco, pero muchacho nada más y con eso está dicho todo. En cuanto á Ben Gunn, éste se escapa. Ni un vaso de rom podría seducirme bastante para ir allá, ni el mismo rom, ¡no!, hasta que no vea yo á tu Caballero de nacimiento y le entregué eso bajo su palabra de honor. Pero no olvides mis palabras... “el precioso don de su confianza,” esto es lo que tú debes decirle “el precioso don de su confianza...” y al decirle esto le das el pellizco que ya sabes.

Y añadiendo la acción á la palabra, me largó por tercera vez un pellizco, con el mismo aire de confianza íntima que los anteriores.

—Así pues, cuando necesiten á Ben Gunn, ya sabes en donde encontrarle, Jim: precisamente en el mismo lugar en que me has visto hoy. El que vaya en mi busca que lleve en la mano, por señal, algún lienzo blanco, y que vaya solo, enteramente solo. Para esto, añadirás, Ben Gunn tiene sus buenas razones muy particulares.

—Está bien, le dije; creo haber entendido. Vd. tiene algo que proponer y desea Vd. ver, bien al Caballero ó bien al Doctor, para lo cual se le puede encontrar á Vd. en el mismo lugar en que hoy le he hallado, ¿es esto todo?