«¡Que el nieto de Juan Moreira nos represente en Europa! ¿Por qué no hacer, entonces, que nos gobierne Facundo, que era lo mismo que él?»

Y firmaba: «Mauricio Rivas.»

Que el artículo era contra mí, resultaba evidente de la línea aquella: «el autor no quiere mal ni al nieto de Juan Moreira, ni á don Mauricio Gómez Herrera...»

El asunto me preocupó hondamente todo el día, pero no quise interrogar á de la Espada, aunque lo viera salir á la calle y volver varias veces, con la cara larga, y esquivándome los ojos.

—¿Qué habrá?—me decía.

Por la tarde, cuando iba á retirarse, vaciló un rato, después se acercó á mí, y me llamó aparte, pues estaba, como siempre, rodeado de amigos.

—Es una desgracia—tartamudeó.

—¿Qué?

—El autor del artículo...

—¡Ah!