Los escrutadores no se acordaron de la votación hasta que Bustos, el secretario de la Municipalidad, les llevó las actas fraguadas en casa de Ferreiro, para que las firmaran y mandarlas después á la capital.—Dicen que uno le dijo:
—¡No se apure tanto amigo! ¡Si las eleciones son el domingo que viene!...
Y lo mejor es que Bustos se quedó en la duda y corrió á consultarlo á Ferreiro que, á la noche, lo contaba en el club, riéndose á carcajadas.
Total: sin que nadie se moviese de su casa, sin gastar un centavo, hubo mil doscientos votantes por la lista del gobierno, lo que da á Pago Chico una enorme importancia política.
Así se hace patria.»
«El Rengo, dueño de la casa de juego que llaman El Mirador, me cuenta que en las últimas elecciones, el comisario Barraba le dió orden de ir á votar con los carneros, diciéndole:
—Si los cívicos ganan, se acabó la jugarreta y vos te fregás, porque se han comprometido á cerrar las casas de juego. Aura, si pierden, y vos y los muchachos han votau con ellos, encomendate á la virgen y los santos, porque los arriamos á todos una noche, sin asco, y los metemos en la cafúa.
Yo le dije al Rengo que eso no le convenía á Barraba, porque perdería la coima, que le paga; pero él me contestó:
—¡Qué perder ni qué perder! ¡Como si faltaran otros que pondrían bailando no digo una sino muchas timbas! No, señor; ¡hay que votar como manda el comisario, y no andarse con vueltas, porque á lo mejor lo dejan á uno en camisa, y que vaya á quejarse al Papa!