La mitad de lo que saca Cejas es para Barraba, que si no no lo dejaría trabajar. Naturalmente, el otro le birla gran parte de la ganancia, porque para eso es un bribón desorejau, y el que roba á otro ladrón tiene cien días de perdón. Pero donde no lo puede estafar, porque el comisario lo fiscaliza, es en una carnicería que han puesto en las afueras del pueblo para vender la carne robada. ¡Qué pensás de esto, ché!

Pero, como ya te digo, no se harta, y aunque en la policía se come qué sé yo cuántos vigilantes, nunca hay un nacional ni para el rancho de los agentes y los presos, ni nadie le quiere fiar nada para cosas del servicio.

Ayer mandó buscar una carrada de leña, dándole un vale al sargento que se anduvo todas las carbonerías una por una, sin que le quisieran vender sino con la platita en la mano. Cuando lo supo Barraba, por no soltar sus realitos, hizo que hicieran fuego en la comisaría con las patas de unos catres.

¡Se come hasta la alfalfa de los pobres patrias! Esto no te lo explicarás, pero es así: la Intendencia le pasa una mensualidad para el forraje de los caballos, que sin embargo tienen que contentarse con el verdín del patio, hasta que se mueren de alegría.

¡Y cómo es de bruto! Figurate que á don Juan Dozo, municipal, le robaron el otro día unos cuatrocientos pesos. Dozo, hizo su denuncia á Barraba, y los milicos y los oficiales se echaron á nadar, sin encontrar naturalmente ni la plata ni el ladrón.

Pues ¿qué te parece que hace Dozo? Se va á consultar á una adivina que tenemos que llaman misia Dorotea, y ésta probablemente por alguna venganza, le hace sospechar de uno de sus peones, llamado Sayús.

Dozo le cuenta la cosa á Barraba y éste, sin más ni más, hace prender al peón, y allí en un cuarto que hay en el fondo de la comisaría, comienza á ahorcarlo y descolgarlo, para que confiese... ¿Creés que es mentira? Pues la denuncia ha ido al ministro de gobierno, que no ha hecho nada, porque Barraba es hombre de la situación «un perro fiel», como él mismo dice.

Hacé públicas estas cosas. ¡Es preciso! ¡Hacelas públicas, para que no vuelvan á suceder!

Por las que te cuento al correr de la pluma puedes imaginar las que sucederán, pues estas fechorías son como la tifoidea que tenemos actualmente: nunca son casos aislados en pueblos de este corte. Las que yo sé son tremendas, pero ¡cómo serán las que no sé!