«La función religiosa ó sea la misa, estuvo solemne, lo mismo que la procesión de tarde, por la inmensa plaza-alameda que cubría con sus frondosos árboles todo el ritual, y ofreciendo el panorama más hermoso que en esta clase de funciones he visto, mereciendo los mayores elogios las hermanas de la Inmaculada Concepción.
«El Reverendo padre Papagna como buen orador sagrado, tomó á su cargo el panegírico y el sermón resultó notable. Amenizaba el acto la armoniosa banda de música dirigida por el maestro Castellone y que lo más que impresiona al público es: que está tocada por siete legítimos hermanos; quizás será la única en el mundo; dicha banda amenizó la fiesta con perfección; se debe su presencia á la buena voluntad del diputado Sr. Cisneros, quien la pagó de su bolsillo. La policía muy correcta, lo mismo que el comisario Barraba y el pueblo entusiasmado con los recreos populares, que terminaron con el manto nocturno y el tronar de las bombas.
«Por la noche grandes bailes en la casa de los Srs. Gancedo Tortorano y Bermúdez, en donde bellas niñas lucieron las gracias de Tersícore, concluyendo armoniosamente con el crepúsculo matutino.
Saluda al Sr. administrador Cirilo Gómez.»
«¡Á este Dr. Carbonero no hay con qué darle! El otro día, en la cancha, el matón Camacho, traído por Ferreiro, y de que hasta ahora no nos hemos podido librar, le dió tal garrotazo á Lobera que por poco lo desnuca. Ahí no más quedó tieso más de media hora, tendido en el suelo de la cancha.
Lobera está malamente herido, y quién sabe si no espicha, pero para que Barraba y el juez Machado puedan poner en libertad al otro, el doctor Carbonero ha extendido un certificado diciendo que no tiene nada.
Y lo más lindo es que mientras Moraira, ó sea Camacho, anda suelto y compadreando como de costumbre, á Lobera me lo tienen preso en un cuarto del hospital, en cama y con centinela de vista, sólo porque tuvo la infelicidad de pelar el revólver cuando el otro lo volteó del garrotazo.
Se le está haciendo sumario por desorden, uso de armas y no sé qué otros crímenes. Y el pueblo entre tanto, calladito como en misa. El único que protesta es el pobre Viera. Pero ¿á qué santo si nadie le lleva el apunte?