[288] Otoño de 1530. La estatua está en el Museo Nazionale de Florencia.
[289] En 1544.
[290] En estos mismos años, los más sombríos de su vida, Miguel Ángel, por una reacción salvaje de su naturaleza contra el pesimismo cristiano que lo ahogaba, ejecutó obras de un paganismo audaz, como la Leda acariciada por el Cisne—1529-1530—la cual, pintada para el duque de Ferrara, obsequiada después por Miguel Ángel a su discípulo Antonio Mini, fué llevada por este último a Francia donde se dice que fué destruida por el año de 1643, a causa de su aspecto lascivo, por Sublet des Noyers. Un poco más tarde, Miguel Ángel pintó para Bartolommeo Bettini, una Venus acariciada por el amor, de la cual Pontormo hizo un cuadro que está en los Uffizi. Otros dibujos de un impudor grandioso y severo son probablemente de la misma época. Carlos Blanc describe uno de ellos: “En él se ven los transportes de una mujer violada, que se defiende contra un robusto raptor, pero no sin expresar un involuntario sentimiento de dicha y orgullo”.
[291] La Noche fué esculpida probablemente en el otoño de 1530; estaba terminada en la primavera de 1531; la Aurora, en septiembre de 1531; el Crepúsculo y el Día, un poco después. Véase doctor Ernst Steinmann: Das Geheimnis der Medicigraber Michel Angelos, 1907, Hiersemann. Leipzig.
[292] Poesías, CIX, 16, 17. Según Frey de fecha de 1545.
[293] Miguel Ángel imagina un diálogo entre Florencia y los florentinos desterrados.
[294] Poesías, CIX, 48. Véase Apéndice VII.
[295] Carta de Sebastián del Piombo a Miguel Ángel, de 24 de febrero de 1531. Era la primera carta que le escribía después del saqueo de Roma:
“Dios sabe cuán feliz he sido porque después de tantas miserias y peligros, el Todopoderoso nos haya dejado vivos y con buena salud por su misericordia y su piedad. Cuando pienso en ello me parece una cosa verdaderamente maravillosa... Ahora, compadre mío, que hemos pasado por el agua y por el fuego y hemos sufrido cosas inimaginables, demos gracias a Dios por todo, y pasemos al menos el resto de nuestra vida en el mayor reposo posible. Hay que contar muy poco con la Fortuna, porque es pérfida y dolorosa...”.
En esta época se violaba la correspondencia. Sebastián recomendaba a Miguel Ángel, considerado como sospechoso, que desfigurara su escritura.