NOTAS:

[1] J. Russel (1822).—Carlos Czerny, que, siendo niño, lo vió en 1801 con una barba de muchos días y una melena salvaje, con un chaquetón y un pantalón de pelo de cabra, creyó encontrar en él a Robinsón Crusoe.

[2] Nota del pintor Kloeber, que hizo su retrato hacia 1818.

[3] “Sus hermosos ojos que hablan, decía el doctor W. C. Müller, ora amables y tiernos, ora extraviados, amenazadores y terribles” (1820).

[4] Kloeber decía: “De Ossian”. Todos estos detalles están tomados de noticias de los amigos de Beethoven, o de viajeros que lo visitaron, como Czerny, Moscheles, Kloeber, Daniel Amadeus Atterbohm, W. C. Müller, J. Russel, Julius Benedict, Rochlitz, etc.

[5] El abuelo Ludwig, el hombre más notable de la familia y aquél a quien Beethoven se parecía más, nació en Amberes y se estableció hacia los veinte años de su edad en Bonn, donde llegó a ser maestro de capilla del príncipe elector. Es preciso no olvidar esto si se quiere comprender la fogosa independencia de la naturaleza de Beethoven y tantos otros rasgos de su carácter que no son propiamente alemanes.

[6] Carta al doctor Schade, de Augsburgo, el 15 de septiembre de 1787. (Nohl, Cartas de Beethoven, II).

[7] Decía más tarde (en 1816): “¡Es un pobre hombre aquél que no sabe morir! Cuando apenas tenía yo quince años, ya lo sabía”.

[8] Reproducimos en el Apéndice algunas de estas cartas.—Beethoven encontró también un amigo y un consejero excelente en Christian-Gottlob Neefe, su maestro, cuya nobleza moral no tuvo menos influjo sobre él que la amplitud de su inteligencia artística.

[9] A Wegeler, el 29 de junio de 1801. (Nohl, XIV).