[826] Ibid.

[827] “El amor a los hombres es el estado natural del alma, y nosotros no lo advertimos”. (Diario, en la época que fué estudiante en Kazan).

[828] “La verdad se abrirá para el amor...”. (Confesiones, 1879-81). “Yo, que situaba a la verdad en la unidad del amor...”. (Ibid.)

[829] “¿Me habláis siempre de energía? Pero la base de la energía está en el amor, dijo Ana, y el amor no se da nunca a voluntad”. (Ana Karenina, II, página 270).

[830] “La belleza y el amor, estas dos razones de vivir”. (La Guerra y la Paz, II, página 285).

[831] “Creo en Dios, que es para mí el Amor”. (Carta al Santo Sínodo, 1901). “¡Sí, el amor!... No el amor egoísta, sino el amor tal como yo lo he experimentado, por la primera vez en mi vida, cuando vi a mi lado a mi enemigo moribundo, y lo amé... Es la esencia misma del alma. Amar a su prójimo, amar a sus enemigos, amar a todos y cada uno, ¡eso es amar a Dios en todas sus manifestaciones!... Amar a un ser que nos es grato, es amor humano; pero amar al enemigo, ¡esto casi es amor divino!...”. (El Príncipe Andrés, moribundo, en La Guerra y la Paz, III, página 176).

[832] “El amor apasionado del artista por su asunto, es el corazón del arte. Sin amor no hay obra de arte posible”. (Carta de septiembre de 1889. “Leo Tolstois Briefe 1848 bis 1910”, Berlín, 1911).

[833] “Porque yo escribo libros, sé todo el mal que ellos hacen...”. (Carta de Tolstoi a P. V. Vériguine, jefe de los dukhobors, de 21 de noviembre de 1897. Correspondencia inédita, página 241).

[834] Véase La Mañana de un Señor, o bien, en Las Confesiones, los retratos extremadamente idealizados de estos hombres sencillos, buenos, contentos de su suerte, tranquilos, que comprenden la vida; o bien, al fin de la segunda parte de Resurrección, esta visión “de una humanidad, de una tierra nueva”, que aparece a Nekhludov, cuando encuentra a los obreros que vuelven de su trabajo.

[835] “Un cristiano no podría ser moralmente superior o inferior a otro; pero es más cristiano a medida que más rápidamente avanza en la vida de la perfección, cualquiera que sea el grado en el cual se encuentre, en un momento dado: de suerte que la virtud estacionaria del fariseo es menos cristiana que la del ladrón, cuya alma esté en pleno movimiento hacia lo ideal, y que se arrepiente sobre su cruz”. (Placeres Crueles. Traducción de Halpérine-Kaminsky).