¡Cuánto debió sufrir!

Oilmè, oilmè, pur riterando
Vo’l mio passato tempo e non ritruovo
In tutto un giorno che sie stato mio!
[138].

“¡Ay de mí! ¡Ay de mí!
En todo mi pasado no encuentro
ni un solo día que haya sido mío!”

Dirigía a Dios llamamientos desesperados:

O Dio, o Dio, o Dio,
Chi più di me potessi, che poss’io?
[139].

“¡Oh Dios, oh Dios, oh Dios!
¿quién puede más en mí que yo mismo?”

Si estaba hambriento de morir, era que veía en la muerte el fin de esta esclavitud enloquecedora. ¡Con cuánta envidia habla de los muertos! “Vosotros no teméis ya los cambios del ser y del deseo... El curso de las horas no os inquieta; la necesidad o el azar no os impulsan... Apenas puedo escribirlo sin envidia”[140].

¡Morir! ¡No ser ya nada! ¡No ser ya nadie! ¡Huir de la tiranía de las cosas! ¡Escapar a la alucinación de sí mismo!

“¡Ah! Haced que yo no vuelva más a mí mismo”.
De fate, c’a me stesso più non torni![141].