Desde luego se observa que está ciudad está sembrada por todas partes de restaurants (no quiero españolizar este nombre), de establecimientos de caldo, de pastelerías, de rotisseries (no lo quiero españolizar tampoco) y de tabernas. En todos estos puntos se come. ¿Por qué tantos establecimientos de esta clase? ¿Se alimentan todos con la poblacion forastera? No. La mayor parte se sostiene con la poblacion de Paris, porque en un gran número de las casas de Paris no se enciende lumbre en todo el dia.
Estoy convencido de que si se juntaran todos los hoteles y todos los establecimientos en donde se come en esta ciudad, formarian una poblacion bastante mayor que la córte de España.
Es una curiosidad sorprendente para el extranjero, recorrer estas calles de diez á once de la mañana y de cinco á seis de la tarde, ir mirando á derecha é izquierda, y ver la mesa interminable á que asiste una poblacion de millon y medio de almas.
Si el extranjero no saliera á la calle más que en las horas indicadas, tendria harto motivo para decir despues en su tierra que Paris era una inmensa fonda. Recorriéndolo á una hora cualquiera, tendrá motivos para decir que, llegada la hora de comer, esta ciudad es una inmensa tribu errante.
Lo declaro sin escozor. El que está acostumbrado al consuelo de la familia, al rescoldo del hogar paterno: el que está acostumbrado á ver el humo de la chimenea en que se calentó desde niño, no puede menos de experimentar una mala impresion al ver hacinados tantos hombres; hombres que van allí para no mirarse ni entenderse; que van allí á comer casi maquinalmente; que comen como quien se da á una tarea mecánica, como quien cumple el jornal de la comida, para acudir despues á otro jornal, semejantes á las palomas silvestres que van al sembrado para llenarse el buche, y levantan luego las alas hacia donde la Providencia las lleve.
Este hábito lleva en sí cierto principio de desmoralizacion. Me he fijado mucho en esta faz del pueblo que examino, y noto realmente que aquel hábito imprime una arruga en su fisonomía. Estudiemos cuidadosamente todas las caras que se nos ofrecen en tropel; reparemos bien en todas las figuras que pasan por este gran lienzo de sombras chinescas, y no advertiremos generalmente ese aire de atencion íntima y afectuosa, propio del que dice: me esperan en mi casa; como á tal hora con mi familia.
Esto quiere decir: la sociedad me ha dado un templo para que la consagre un culto especialisimo y preferente. Este templo es mi hogar, donde me aguardan los que me procrearon y nacieron conmigo. Mi culto me llama; voy á ser ministro en el sacerdocio de la familia.
Si esto es preocupacion, confieso con orgullo que soy preocupado, y lo soy, no únicamente por conviccion, sino por voluntad y por sentimiento. Esto me hace sentir bien; amo y admiro en esos instintos y en esos hábitos una belleza humana, una melodía que llena mi ser, y en vano querria desimpresionarme, en vano pretendería que mi corazón perdiera la ley que lo hace latir.
Quitad al hombre la familia, quitad á la familia su inteligencia armoniosa, su consorcio interior, su necesidad más moralizadora y más profunda; haced eso, y despedazareis al mundo.
He dicho que la costumbre parisiense lleva en sí un principio de inmoralidad, y para dar una nocion de que esto es así, bastará presentar un ejemplo.