—Entonces no podemos estar en su casa, por más que lo sintamos.
—En Paris no es alto un piso tercero.
—Señora, no es cuestion de Paris; es cuestion de una enfermedad de que adolezco con gran pena mía … y en resumidas cuentas, tenga usted la bondad de prevenir á sus criados que me traigan el equipaje á donde encuentre un piso principal, entresuelo, bajo, aunque sea un sótano ó una cueva.
Luisa Noel llamó sonriendo á dos criados, y nos envió al hotel del
Tirol, calle de Montmartre, á cincuenta pasos de la calle
Vivienne.—Eran las siete y media de la tarde.
Llegamos al hotel del Tirol; pero este hotel, en medio de las cosas buenas que pueda tener, y que no le quiero disputar, tiene una escalera tan estrecha, tan nimiamente estrecha, que me resolví á no subirla. Las aventuras anteriores me habian hecho cobrar horror á las escaleras, aún siendo espaciosas y excelentes.
Hénos otra vez á cielo raso sobre las losas del imperial Paris.
Al salir del portal del hotel en cuestion, alcancé á divisar un reverbero, en cuyo cristal ví este rótulo: hôtel des étrangers, rue Teydeau, 3. (Hotel de los Extranjeros, calle de Teydeau, número 3.)
Hice seña á los mozos del equipaje de que me siguieran, y antes de un minuto estaba hablando con los garçones del hotel.
—¿Combien voulez-vous payer? (¿Cuánto quiere usted pagar?)
—Quiero pagar lo que sea necesario para que me abran ustedes las puertas de ese entresuelo (habia un entresuelo desocupado), y háganme ustedes el favor de darse prisa.