—¡Todos parten!—exclaman—.¡Tan sólo,

Tan sólo nosotros nos quedamos siempre!

¿Por qué quedar, madre, por qué no llevarnos

Donde hay otro cielo, otro aire, otras gentes?—

Yo, en tanto, bañados en llanto mis ojos,

Los miro en silencio, pensando:—En la tierra,

¿Adónde llevaros, mis pobres cautivos,

Que no hayan de ataros las mismas cadenas?

Del hombre, enemigo del hombre, no puede

Libraros, mis ángeles, la egida materna.