—¡Llorar! ¿Por qué? Fortuna es que podamos

Abandonar nuestras humildes tierras;

El duro pan que nos negó la patria,

Por más que los extraños nos maltraten,

No ha de faltarnos en la patria ajena.

Y los hijos contentos se sonríen,

Y la esposa, aunque triste, se consuela

Con la firme esperanza

De que el que parte ha de volver por ella.

Pensar que han de partir, ese es el sueño