Que al pie de cada arroyo y cada fuente

De linfa transparente,

Donde se reflejó vuestro semblante,

Y en cada viejo muro

Que os prestó sombra cuando niños erais

Y jugabais inquietos,

Y que escuchó más tarde los secretos

Del que ya adolescente

Ó mozo enamorado,

En el soto, en el monte y en el prado,