No, no busquéis la imagen de la eterna belleza,

Ni en el contento y harto seno de los placeres,

Ni del dolor acerbo en la dura aspereza.

Ya es átomo impalpable ó inmensidad que asombra,

Aspiración celeste, revelación callada;

La comprende el espíritu y el labio no la nombra,

Y en sus hondos abismos la mente se anonada.

* * *

I

Quisiera, hermosa mía,