De aquellos gigantes
Que el Castro coronan;
Brilla en tanto á sus pies el arroyo
Que alumbra risueña
La luz de la aurora,
Y los cuervos sacuden sus alas,
Lanzando graznidos
Y huyendo la sombra.
El viajero, rendido y cansado,
Que ve del camino la línea escabrosa