Mas nunca nos asombra que trine ó cante el ave,

Ni que eterna repita sus murmullos el agua;

Canta, pues, ¡oh poeta!, canta, que no eres menos

Que el ave y el arroyo que en ondas se desata.

***

En incesante encarnizada lucha,

En pugilato eterno,

Unos tras otros al palenque vienen

Para luchar, seguidos del estruendo

De los aplausos prodigados siempre