Tal como el pobre abuelo que contempla
Del nietezuelo amado los despojos,
Exclamó alzando la mirada al cielo
De angustia lleno y doloroso asombro:
—¡Pero es verdad, Dios mío, que ellos mueren
Y quedamos nosotros!
En la Corona fúnebre de Andrés Muruais, 1883.
* * *
Más rápidos que el rayo,
Más alados que el viento,