Moría el sol, y las marchitas hojas

De los robles, á impulso de la brisa,

En silenciosos y revueltos giros

Sobre el fango caían:

Ellas, que tan hermosas y tan puras

En el abril vinieran á la vida.

Ya era el otoño caprichoso y bello:

¡Cuán bella y caprichosa es la alegría!

Pues en la tumba de las muertas hojas

Vieron sólo esperanzas y sonrisas.