Son como niebla que disipa el alba,

¡Qué sabéis del que lleva de los suyos

La eterna pesadumbre sobre el alma!

IV

Cuando en la planta con afán cuidada

La fresca yema de un capullo asoma,

Lentamente arrastrándose entre el césped,

Le asalta el caracol y la devora.

Cuando de un alma atea,

En la profunda obscuridad medrosa