No lejos, en soto profundo de robles,
En donde el silencio sus alas extiende,
Y da abrigo á los genios propicios,
Á nuestras viviendas y asilos campestres,
Siempre allí, cuando evoco mis sombras,
Ó las llamo, respóndenme y vienen.
***
Ya duermen en su tumba las pasiones
El sueño de la nada;
¿Es, pues, locura del doliente espíritu,