Escribía versos, pintaba cuadros, estaba lleno de ilusiones de gloria.
Los versos y las pinturas revelaban un hermoso y fresco talento, en el cual se encontraba una cuidada cultura, la decisión y la pasión del artista nacido y la chispa americana.
Se fué a la madre patria, a España; los versos fueron poco a poco quedando en segundo término y Angel Zárraga, como poseído de su verdadera vocación, buscó a los maestros pintores peninsulares, visitó y estudió el Museo del Prado, entró al taller del admirable técnico que es Sorolla; aprendió todo lo que pudo aprender; se relacionó con los intelectuales, fué íntimo de Valle Inclán, de los Baroja; se unió a los jóvenes que hoy brillan en el arte español. Luego fué a Bélgica, ensayó tales o cuales novedades, neo-impresionismo, divisionismo; dejó piafar su juventud ansiosa. La reflexión llegó, y cambió los nuevos buscadores por los viejos maestros. Quintín, Metsys, Memling, todos los grandes flamencos fueron admirados y comprendidos por el hijo del país azteca, que lleva sangre vasca en las venas. En Holanda conoció y trató a más de un raro de la pintura, como ese misterioso y singular Toorop, sobre quien se diría ha soplado una ráfaga venida de las entrañas de la antigua India. Luego, Angel Zárraga pasó a Italia, y fué encantado por la más maravillosa y deleitable música de los ojos, con los poderosos creadores del Renacimiento, con los príncipes del dibujo y reyes del color, con los suntuosos y soberbios decoradores de iglesias y palacios que dejaron a los siglos sus tesoros de gracia y fuerza pictóricas. Mas no fueron solamente los italianos, sino otros grandes de otras partes quienes prefiriera su deseo de perfeccionamiento. Y así ha escrito Rodolfo Panichi: «Il Rembrandt, il Morone, il Tintoretto, il Velázquez, il Goya, sono i veri maestri che lo Zárraga ha nell' ánima e nell' ochio, ed egli si pone il principio che, coi mezzi meravigliosi dei Veneti del decimosesto secolo e degli Spagnuoli del decimosettimo si possa esprimere tutta la complessità e l'inquietudine della vita contemporanea. Egli trascura pertanto ogni artificio di tecnica moderna, riescendo ad ottenere una luminositá composta, una intonazione gradevole e poetica, alla quale tuttavia i suoi studi sulla divisione e sovraposizione del colore devono avergli giovato notevolmente. Cosi, se c'e talora nei suoi lavori un senso di manierismo nella distribuzione delle parti principali, e di convenzionalismo negli accessori che ricordano le composizioni del nostro risorgimento, egli resta però psicologicamente indipendente». Y es lo cierto que, de su incursión por el espíritu del arte moderno, han resultado obras que tienen una característica, un sello personal inconfundible en figuras magistrales, sólo que, como lo hace notar el mismo Panichi, el tipo de los campos es distinto, «es el país castellano, son los contornos de Toledo y de Segovia los que el pintor siente y reproduce: un país lleno de melancolía y de tristeza...» En España ha encontrado Zárraga muchas de sus figuras. La vieja que ora, arrugada y triste de una pena secular; La mala consejera, la celestina de cara de buho, junto a la muchacha rozagante, carne de vicio; La bailarina desnuda y la trotaconventos maternal; La mendiga y la vieja del rosario y El Tríptico de las dos mozas ferrosas y el viejo del escapulario, apretado, amojamado, pero viviente de su vida sórdida, devota y tradicional.
¡Y las lindas figuras femeninas de Angel Zárraga! La del Don, Marta y María, ascetismo y voluptuosidad; el otro cálido desnudo de la Alegoría del Otoño, cuadro digno de los buenos tiempos de Venecia; un precioso retrato de adolescente; la dama arrodillada ante el San Sebastián, un tanto paganizado del Voto, que se expuso en el pasado Salón de Otoño; la hembra de la femme et le pantin; y, sobre todos, esa maravillosa Novia, cuadro que con sus dos desnudos es un canto misterioso a la arcilla ideal, al hechizo enigmático de la mujer, y que, vagamente sugiere en la simbólica Granada entreabierta, el arcano amoroso y la iniciación de las iniciaciones. Paso a paso, consciente y con seguridad, va Angel Zárraga camino de la gloria.
ALBERTO DEL SOLAR
La Real Academia Española, que acaba de abrir sus puertas al escritor chileno Alberto del Solar en calidad de miembro correspondiente, ha realizado un acto de completa justicia. Ha tiempo que el autor de tantos libros plausibles, que acaban de aparecer compilados en una bella edición de Obras Completas, era merecedor de tal homenaje. Fuera de sus méritos de novelista, de narrador, de poeta, de autor dramático, ha sido siempre cultivador de la tradición castiza de nuestra lengua, y no ha transigido ni aun con la singular costumbre, que creo que se debe a D. Andrés Bello, de usar la i latina como conjunción en los casos en que todos usamos la y griega o ye. Va bien, pues, Del Solar, entre los que tienen por especial misión limpiar, fijar y dar esplendor al idioma castellano.
Una de las particularidades que distinguen a Alberto del Solar es su americanismo, demostrado desde antaño. Desde sus recuerdos sobre la guerra del Pacífico, en la cual, siendo muy joven, tomó parte por mar y por tierra, hasta sus últimos trabajos, casi todos, todos puede decirse, se refieren a nuestra América, y principalmente a Chile, su patria, o a la República Argentina, patria de sus hijos.