CANTARÉ del primer navío
que velivolante saliera
desde las aguas del Río
de la Plata con la bandera
bicolor al mástil gallardo.
Recordad al nauta que vino
de Saint-Tropez, a Buchardo,
el capitán franco-argentino,
hábil bajo las marejadas,
bajo las tormentas ufano;
y a todos sus camaradas
que fueron por el oceano,
denodados predecesores
de los que hoy en acorazadas
naves portan a sol y bruma
los dos simbólicos colores
flameantes sobre la espuma.
Bien vayan torres y palacios
erizados de cañones
suprimiendo tiempo y espacios
a visitar a las naciones,
pero no por guerra voraz,
productora de luto y llanto,
mas diciendo como en el canto
del italiano: ¡Paz! ¡Paz! ¡Paz!
Heroica nación bendecida,
ármate para defenderte;
sé centinela de la Vida
y no ayudante de la Muerte.
Que tus máquinas de hierro
y que las bruñidas bocas
cruentas no alegren al perro
negro avernal. Que tu lanza,
cual la libertad que invocas,
garantía a tu pueblo sea;
que tu casco abrigue la Idea,
sabiduría y esperanza,
como el de Palas Atenea.

SALGAN y lleguen en buen hora,
dominando los elementos
las velas que el marino adora,
y los steamers humeantes
que conducen los alimentos,
la carga de los fabricantes,
los ejércitos de emigrantes,
el designio, el brazo que va
a arar, sembrar y producir
en el latifundio, en el pago,
partan las naves de Cartago
y arriben las naves de Ofir!
¡Y bien se escuche en las funciones
de conmemoración el trueno
de las salvas de los cañones
del mar conmoviendo el estuario
de hímnicas vibraciones lleno
en la fiesta del Centenario!