XXVII
DE OTOÑO

YO sé que hay quienes dicen: ¿Por qué no canta ahora
con aquella locura armoniosa de antaño?
Esos no ven la obra profunda de la hora,
la labor del minuto y el prodigio del año.

Yo, pobre árbol, produje, al amor de la brisa,
cuando empecé a crecer, un vago y dulce son.
Pasó ya el tiempo de la juvenil sonrisa:
Dejad al huracán mover mi corazón!

XXVIII
A GOYA

PODEROSO visionario,
raro ingenio temerario,
por ti enciendo mi incensario.

Por ti, cuya gran paleta,
caprichosa, brusca, inquieta,
debe amar todo poeta;
Por tus lóbregas visiones,
tus blancas irradiaciones,
tus negros y bermellones;

Por tus colores dantescos,
por tus majos pintorescos,
y las glorias de tus frescos.