Tu voz escuchó un día Cristóforo Colombo;
Hugo cantó tu gesta legendaria. Los dos
fueron, como tú, enormes, Momotombo,
montañas habitadas por el fuego de Dios.

¡Hacia el misterio caen poetas y montañas;
y romperáse el cielo de cristal
cuando luchen sonando de Pan las siete cañas
y la trompeta del Juicio final!

...¿Cuándo de tu divina
faz en la sangre pura resbalará el diamante?

ISRAEL

ISRAEL! ¡Israel! ¿Cuándo de tu divina
faz en la sangre pura resbalará el diamante?
¿Cuándo el viento del río hará que el arpa cante
entre el concurso eterno de la brisa argentina?

¿Cuándo será la cabellera que se inclina
agitada por un viento perseverante?
¿Cuándo el brazo de luz dará al Judío Errante
el vaso en que se abreve del agua cristalina?