La divina estaba desnuda.
Rosa y nardo dieron su olor...
Mi alma estaba extasiada y muda
y en el sexo ardía una flor.

En las terrazas decoradas
con un gesto extraño y fatal
fué desnuda ante mis miradas
la hembra del pavo real.

HONDAS

A Pichardo.

YO soñé que era un hondero
mallorquín.
Con las piedras que en la costa
recogí,
cazaba águilas al vuelo,
lobos, y
en la guerra iba a la guerra
contra mil.

Un guijarro de oro puro
fué al cenit,
una tarde en que en la altura
azul vi
un enorme gerifalte
perseguir
a una extraña ave radiante,
un rubí
que rayara el firmamento
de zafir.

No tornó mi piedra al mundo,
Pero sin
vacilar vino a mí el ave
querubín.
«Partió herida—dijo—el alma
de Goliat, y vengo a ti.
Soy el alma luminosa
de David!»