¡Ay, nada ha amargado más las horas de meditación de mi vida que la certeza tenebrosa del fin; y cuántas veces me he refugiado en algún paraíso artificial, poseído del horror fatídico de la muerte!
Año nuevo es una decoración sideral, animada, se diría, de un teológico aliento. La Sinfonía en gris mayor trae necesariamente el recuerdo del mágico Théo, del exquisito Gautier y su Symphonie en blanc majeur. La mía es anotada «d'après nature», bajo el sol de mi patria tropical. Yo he visto esas aguas en estagnación, las costas como candentes, los viejos lobos de mar que iban a cargar en goletas y bergantines maderas de tinte, y que partían a velas desplegadas, con rumbo a Europa. Bebedores taciturnos, o risueños cantaban en los crepúsculos, a la popa de sus barcos, acompañándose con sus acordeones cantos de Normandía o de Bretaña, mientras exhalaban los bosques y los esteros cercanos rodeados de manglares, bocanadas cálidas y relentes palúdicos. En Epitalamio bárbaro se testifica en la lira el triunfo amoroso de un grande apolonida. El Responso a Verlaine prueba mi admiración y fervor cordial por el Pauvre Lelian, a quien conocí en París en días de su triste y entristecedora bohemia; y hago ver las dos faces de su alma pánica, la que da a la carne y la que da al espíritu; la que da a las leyes de la humana naturaleza y la que da a Dios y a los misterios católicos, paralelamente. En el Canto de la sangre hay una sucesión de correspondencias y equivalencias simbólicas, bajo el enigma del licor sagrado que mantiene la vitalidad en nuestro cuerpo moral. La siguiente parte del volumen, Recreaciones arqueológicas indica por su título el contenido. Son ecos y maneras de épocas pasadas, y una demostración, para los desconcertados y engañados contrarios, de que, para realizar la obra de reforma y de modernidad que emprendiera, he necesitado anteriores estudios de clásicos y primitivos. Así en Friso recurro al elegante verso libre, cuya última realización plausible en España es la célebre Epístola a Horacio, de D. Marcelino Menéndez y Pelayo. Hay más arquitectura y escultura que música; más cincel que cuerda o flauta. Lo propio en Palimsesto, en donde el ritmo se acerca a la repercusión de los números latinos. En El reino interior se siente la influencia de la poesía inglesa, de Dante Gabriel Rosetti, y de algunos de los corifeos del simbolismo francés, (¡Por Dios! Si he querido en un verso hasta aludir al Glosario de Powell...) Cosas del Cid encierra una leyenda que narra en prosa Barbey d'Aurevilly y que, en verso, he continuado. Decires, leyes y canciones renuevan antiguas formas poémicas y estróficas; y así expreso amores nuevos con versos compuestos y arreglados a la manera de Johan de Duenyas, de Johan de Torres, de Valtierra, de Santa Fe, con inusitados y sugerentes escogimientos verbales y rítmicas combinaciones que dan un gracioso y eufónico resultado, y con el aditamento de finidas y tornadas. Y, para concluir, en la serie de sonetos que tiene por título Las ánforas de Epicuro—con una Marina intercalada—hay una como exposición de ideas filosóficas; en La espiga, la concentración de un ideal religioso a través de la naturaleza; en La fuente, el autoconocimiento y la exaltación de la personalidad; en Palabras de la Satiresa, la conjunción de las exaltaciones pánica y apolínea—que ya Moréas, según lo hace saber un censor más que listo, había preconizado, ¡y tanto mejor!—; en La anciana, una alegórica afirmación de supervivencia; en Ama tu ritmo..., otra vez la exposición de la potencia íntima individual; en A los poetas risueños, un gozo amable, un ímpetu que lleva a la claridad alegre y reconfortante, con el exultorio de los cantores de la dicha; en La hoja de oro, el arcano de tristezas autumnales; en Marina, una amarga y verdadera página de mi vivir; en Syrinx (pues el soneto que aparece en otras ediciones con el título Dafne, por equivocación, debe llevar el de Syrinx) paganizo al cantar la concreción espiritual de la metamorfosis; La gitanilla es una rimada anécdota. Loo después a un antiguo y sabroso citareda de España; lanzo una voz de aliento y de ánimo; indico mis sueños. Y tal es ese libro, que amo intensamente y con delicadeza, no tanto como obra propia, sino porque a su aparición se animó en nuestro Continente toda una cordillera de poesía poblada de magníficos y jóvenes espíritus. Y nuestra alba se reflejó en el viejo solar.
CANTOS DE VIDA
:: Y ESPERANZA ::