Te da su idioma, y tu alma como tu espada brilla
Al sol que allá en tus tiempos no se ocultó en España.
Tu nariz y penacho no están en tierra extraña,
Pues vienes a la tierra de la Caballería.
Eres el noble huésped de Calderón. María
Roxana te demuestra que lucha la fragancia
De las rosas de España con las rosas de Francia.
Y sus supremas gracias, y sus sonrisas únicas
Y sus miradas, astros que visten negras túnicas
Y la lira que vibra en su lengua sonora