Al redoblar sonoro del grave Romancero.

Su penacho soberbio tiene nuestra aureola.

Son sus espuelas finas de fábrica española.

Y cuando en su balada Rostand teje el envío,

Creeríase a Quevedo rimando un desafío.

¡Bienvenido, Cyrano de Bergerac! No seca

El tiempo el lauro; el viejo Corral de la Pacheca

Recibe al generoso embajador del fuerte

Molière. En copa gala Tirso su vino vierte.

Nosotros exprimimos las uvas de Champaña