Una tablita:
«Querido Adolfo: Aquí me tienes en la soledad más completa. Frente de mis balcones se extiende el Mediterráneo, que me envía sus frescas y a veces tempestuosas brisas; en torno de la casa una multitud de colinas sombreadas por pinos de Italia, y en cuyas cañadas crecen las higueras, los naranjales y las palmas.»
Política europea:
«Estoy indignado con ese bárbaro zar moscovita. Después de haber echado los pobres servios al campo, todavía los insulta. Después de haber convertido el ejército servio en ejército ruso, todavía escupe por el colmillo. Ayer comí en casa de Layard con tres diputados conservadores del Parlamento inglés. Me dijeron que Alejandro ladra, pero no muerde.»
Un buen párrafo para Gambetta, en Noviembre del 76:
«La campaña de Gambetta me admira más cada día. Es el verdadero talento político que hay en la democracia francesa. Por él, y sólo por él, vivirá la República. Si hoy tengo tiempo te incluiré una carta en español para que se la traduzcas de viva voz al francés, felicitándole y felicitándome por sus triunfos, que son también triunfos de la democracia europea.»
Y en Agosto del 77, refiriéndose a un discurso pronunciado por Gambetta:
«Aunque he dicho a América que me había gustado el discurso de Lila, te digo a ti que no me ha gustado nada. Cada día encuentro a ese mozo más gárrulo y más vacío. Luego, a su altura, no se comprometen los hombres públicos en procesos de imprenta como cualquier pelafustán de baja talla.»
Después, aún hay cosas peores contra Gambetta. Un sabroso párrafo culinario:
«Las últimas chucherías salen de provincias y llegarán antes de dos días. Haced un almuerzo español. Freid las morcillas, asad las longanizas, hervid las batatas de Málaga, coced los blancos de Elda, desgranad las granadas; reunid a todo esto el turrón y luego preguntad dónde se quedan Chevet y Compañía.»