Pues la anciana me dijo: mira esta rosa seca

que encantó el aparato de su estación un día:

el tiempo que los muros altísimos derrueca

no privará este libro de su sabiduría.

En esos secos pétalos hay más filosofía

que la que darte pueda tu sabia biblioteca;

ella en mis labios pone la mágica armonía

con que en mi torno encarno los sueños de mi rueca.

«Sois un hada», le dije: «Soy un hada, me dijo:

y de la Primavera celebro el regocijo