y salpicando con las espumas del mar

de tempestades infernales y divinas.

De mi triste corona, ¿cuántas son las espinas?

Pues una a una apenas me las puedo arrancar.

Recuerdas mis confianzas, pues las ruges, ¡oh mar!

¡Y recuerdas mis penas, ruiseñor, pues las trinas!

Voz de fuerza o dulzura en la gloria del día,

bajo los vastos cielos, sobre los oceanos,

inclinemos la frente ante la Poesía.

Dejemos de palabras y gestos vanos,