sed los de Cortés y de Pizarro
y aprovechad las ubres de las vacas
que dejaistes más allá del Oceano,
y que os pueden dar leche
por la sangre de antaño!
Ay, triste del que un día en su esfinge interior
pone los ojos e interroga. Está perdido.
Ay del que pide eurekas al placer o al dolor.