y de amarguras y dolores,

quisiera mandarte unas flores

que contuvieran mis veinte años.

Veinte años magníficos, puros,

quizás vagos, quizás perversos,

pero que irían con mis versos

llenos de mis ojos obscuros.

La vida pasa, pisa y vuela,

haciendo la vida en concreto,

dando los ojos de la abuela