Para María Guerrero, que los declamó en el Teatro Odeón, de Buenos Aires, la noche del 5 de Julio de 1897.
Al partir, justo es que os diga
cómo a mí no ha sido extraña
tierra en que renace España,
por hidalga y por amiga.
Frescos, fragantes y finos,
nutridos de savia ardiente,
hoy acaricia mi frente
los laureles argentinos.