más afamada no fué,
ni la desventura de
doña Estrella de Sevilla.
Vuestro afecto se aquilata,
y nuestro mental tesoro
se ufana en bajel de oro
sobre el Río de la Plata.
Sabéis honrar las brillantes
máscaras, que mi alma adora,
y a Talía vencedora
más afamada no fué,
ni la desventura de
doña Estrella de Sevilla.
Vuestro afecto se aquilata,
y nuestro mental tesoro
se ufana en bajel de oro
sobre el Río de la Plata.
Sabéis honrar las brillantes
máscaras, que mi alma adora,
y a Talía vencedora