El reproche de las princesas es semejante al que dirigiera á su hijo Don Jaime, Don Carlos de Borbón.
Mas ¿quién viene á recordar cosas de antaño, atrocidades de la Historia, locuras demagógicas, ó terriblezas republicanas, cuando la Marsellesa se ha tocado en los palacios de los zares de Rusia, y, si no me equivoco, hasta en el recinto del augusto Vaticano?
VIAJES PRESIDENCIALES
Tocándole el turno á España, hizo, pues, su maleta, el más sencillo y amable buen hombre de todos los presidentes, y tomó el camino del país de las más lindas sonrisas y de los más halagadores «castillos»: el camino de España. Inmediata y naturalmente, como sucedió con Rusia, como sucedió con Inglaterra, como sucedió con Italia, como sucederá ... tal vez ... con ... Alemania ... (¿por qué no, ¡qué diablos!, si estamos en una época de prodigios?) España se ha puesto aquí de moda; es decir, se ha puesto más de moda, porque ésta comenzó con la visita de Alfonso á los parisienses. Esta moda, como todas las demás, es pasajera. Dura lo que un capricho de París.
Monsieur Loubet es allá en Madrid festejado con toda la cordialidad de que es capaz la gente española. Desde luego se encontrarán con más de una sorpresa, él y sus acompañantes. Y con más de una desilusión.