Y llegan los picadores, pesados, cargados de plomo, en sus flacos rocinantes mártires, con sus largos picos, a sufrir el embate de la bestia fiera, para cansarla, para prepararla a las suertes subsiguientes.

III

Un montón

de correas y de astillas

y de carne palpitante

y sangrante...

Un fracaso de costillas

con estruendo...

Correajes perforados